lunes, 7 de enero de 2008

Triste canción


Como pensar en que le estaba perdiendo sin darse cuenta…
Miraba a su alrededor y no le encontraba, en su corazón ya no le hallaba. Sin embargo en su mente permanecía incordiándole, permanecía haciéndole pensar cosas sin sentidos…
Su mente era como una espiral y todo lo que veía daba vueltas y vueltas y vueltas…. Estaba perdiendo la razón, siempre mirando a su alrededor. Y miraba su teléfono para ver si había recibido alguna llamada de aquel joven, pero la pantalla no mostraba su número, la pantalla jamás volverá a mostrar aquel nombre que siempre deseaba leer.
Sabía también que aquel joven no volvería a mirar, ni se volvería a cruzar algún día en una calle iluminada con él, ni tampoco que iba a estar ahí como siempre lo había estado.
Tanto deseaba caminar por una larga calle y escuchar que a lo lejos alguien grita su nombre y correr hacia él para de nuevo darle aquel gran abrazo cariñoso que tiempo atrás había recibido.
Lo sabía, lo tenía asumido…
Pero es que era tan fácil pensar en que un día cualquiera, en algún momento del año, se volvería a cruzar con él y se mirarían y sonreirían como siempre lo habían hecho… “¿Qué tal estas? Te veo bien…”
Y esa esperanza, esa ilusión de volver a ver a aquel joven le cegaba… y le hacía dar vueltas y vueltas en una calle solitaria, le hacía ver todo borroso, le mareaba, le dolía… y por mucho que lo intentara no era capaz de dar el siguiente paso para llegar a su destino…
Y estaba claro que lo que quería era olvidar… Olvidar y empezar de cero. Empezar de cero en su vida y no volver a caer en el error de amar a alguien como amó a aquel joven… Triste, pero era su decisión.
Ni siquiera tuvo la oportunidad para demostrar que nadie le quiso y le cuidó como él lo había hecho… y si la tuvo, fue rechazada….
Seguirá mareándose en aquella calle hasta que alguien le pare y le ayude a caminar para no caer… Y ese alguien está próximo, mirando y luchando por él. Pero lo que nadie sabía es que él aún seguía teniendo miedo…

lagrima congelada


Nevaba sobre él, nevaba sobre aquella calle iluminada con luces típicas de navidad. Y él paseó por aquella calle mientras cada copo más frio que el anterior le caía sobre su cara. Y de repente se paró en seco, miró hacia arriba y abrió los ojos. Los copos de nieve caían sobre él. Sintió el frío, sintió como poco a poco la nieve se iba derritiendo en su nariz transformándose en una fina gota de agua. Y seguidamente otro copo de nieve cayó sobre su cara. Miró de nuevo al cielo y cerró los ojos notando como cientos de copitos de nieve caían sobre él. Y dio vueltas, y vueltas en aquella solitaria calle sintiendo sobre sus manos el frío tacto de la nieve… y rió, rió a carcajadas, rió de felicidad…
Y como si alguien le hubiese empujado se tiró al suelo y se tumbó en aquella alfombra blanca, fría y siguió sintiendo aquella sensación de tranquilidad. A pesar de que tenía frío se sintió bien, se sintió a gusto…
Y una lágrima salió de su ojo. Se tocó la cara y descubrió que estaba llorando y aquella lágrima se transformó en una lágrima helada y con su mano la cogió. Brillaba, era una lágrima llena de sentimientos… De nuevo había tocado llorar. De nuevo había tocado recordar aquellos sentimientos que tanto había querido olvidar… Allí, tumbado en la fría nieve, volvió a pensar en él y volvió a sufrir de nuevo, volvió a llorar sin ser escuchado… Sus lágrimas se congelarían para siempre. Su llanto sería ahogado por el frío, su voz se perdería en el olvido…
Y mientras seguía allí tumbado se colocó enfrente de él aquel otro joven que ahora se interesaba por él. Le miró aún con lágrimas en los ojos y el joven le miró también a él, sonriendo, echando vaho por su boca, pasando frío como él lo estaba pasando. Y en ese mismo momento le tendió una mano y le ayudó a levantarse de aquel frío suelo cubierto de nieve y luego le susurró al oído “lucharé por ti”.
Y otra lágrima helada salió de su ojo mientras aquel joven le abrazaba…

Cerró los ojos y durmió… Se sumergió en sus sueños y sus sueños se apoderaron de él…
Y se encontraba en medio de una tormenta. Todo era negro, pero no había nada que oscurecer… Tan solo estaba él en un espacio sin nada. Y buscó a su alrededor algo a lo que agarrarse, algo que agarrar, algo que buscar para no encontrarse solo en medio de tal oscuridad.
Y la lluvia caía sobre él, empapándole. Miró hacia arriba y abrió la boca. Miles de gotas entraron en su interior y sintió el frío de cada fina gota de lluvia que caía lentamente sobre él, recta…
Y extendió los brazos; como le gustaba hacer eso… Y en poco tiempo sus manos se llenaron de agua y se escapaban de ellas por sus dedos
Y en ese momento le apeteció gritar… Gritar sin ser escuchado porque el sonido de aquella fina lluvia apagaba su voz. Gritar mientras se mojaba y su pelo se empapaba y su ropa le pesaba cada vez más…Gritar hasta quedarse sin voz… Gritar hasta quedarse sin respiración…Gritar.
Y en ese momento despertó.
Se sentó sobre su cama y se tocó la cara. Parecía estar empapada, parecía haber estado de verdad en mitad de una tormenta.
Y entonces en el exterior de aquella habitación comenzó a llover, comenzó a caer una fina lluvia como en sus sueños… Y él se levantó y salió al exterior y mientras salía pequeñas finas de gota comenzaron a tocar su piel y sintió el mismo frío que había sentido en el sueño…
Y se alejó más de su casa y la lluvia enseguida le empapó…. Y miró al cielo oscuro, sin estrellas, sin luz que lo alumbre.
Y comenzó a bailar, bailar bajo la lluvia… y de repente gritó, gritó fuerte porque sabía que nadie le iba a escuchar, gritó sin importarle nada; gritó mientras miles de gotas le caían sobre él. Gritó bajo la lluvia como en sus sueños…. Una vez más.

y volar...


El viento apretaba fuerte ese día. El frío golpeaba como cuchillos sobre su suave y delicada piel. Pero a él le daba igual, le gustaba pasear por los helados campos de invierno y sentir la brisa pasar, los pájaros cantar débilmente… Cerrar los ojos y no ver oscuridad, sino un paisaje de colores… y al abrirlos ver que ese paisaje era real.
Y alejarse de la ciudad, es lo que más quería…
Ahora se encontraba subido sobre un pequeño acantilado desde donde podía ver todo el paisaje en su gran plenitud y ver aquellos detalles que pasan desapercibidos. Y al fondo observar que desde una casa salía humo a través de una pequeña chimenea mientras unos pájaros sobrevolaban toda aquella zona y le daban al paisaje un poco más de belleza.
Un cielo nublado, un cielo gris que pronto rompería a llorar, un cielo que no quería otra cosa que desahogarse sobre aquel paisaje…
Y el viento azotaba su cara y su pequeña y corta melena se movía onduladamente. Sentía el aire sobre su piel, cerraba los ojos para sentir aquella sensación con más fuerza aún.
Y de repente quiso que el aire le llevara…Extendió sus brazos y, aún con los ojos cerrados, sintió que volaba, sintió que recorría el cielo de grises nubes y que era acompañado por una banda de pájaros de colores que buscaban un lugar donde pasar un rato de armonía, donde encontrar un sitio lleno de paz.
Y con los brazos extendidos sonrió y se acercó aún más al acantilado. Abrió los ojos. Todo un mundo se mostraba ante él, todo un mundo desafiante se posaba sobre sus pies y nada le superaba en ese momento…Y volvió a cerrar los ojos
¿y si volaba?
Quiso ser un ángel para tener alas y volar… y batir sus alas para lograr alejarse y recorrer aquellas nubes y llorar como lloraban ellas y desahogarse sobre un mundo en el que pasaba desapercibido para tantos…
Pero luego abrió de nuevo los ojos y se alejó del acantilado con una sonrisa en la cara. Miró al cielo, seguía gris, aquellas nubes aún no habían decidido llorar, aún no habían encontrado el momento para gritar y llorar…
Se alejó con aquella extraña sonrisa… todo era producto de su imaginación