lunes 10 de diciembre de 2007


Volvió de nuevo a tener aquel extraño sueño. Pero esta vez algo había cambiado. Se encontraba en la misma sala de siempre, en la misma oscuridad, en aquella habitación sin muebles, sin luz… Tan solo oscuridad. Pero ahora no había una sola puerta, ahora había dos, una a cada extremo. Y él se encontraba en mitad de aquella sala, en el centro de todo. Para salir de aquella habitación tendría que usar una de las dos puertas… ¿pero cual?
Se dirigió a la de su derecha y entre la oscuridad apareció aquel joven con el q tanto y tanto soñaba. Retrocedió y se dirigió a la otra puerta, pero entre la oscuridad también apareció otra persona, una persona nueva, aún desconocida. Se quedo clavado en el suelo, sin capacidad para moverse, como si le agarraran de las dos piernas para que no pudiera avanzar. Miró a la derecha y observó al joven de sus sueños. Le miraba a los ojos, pero en ellos ya no veía aquella magia que tanto le gustaba, ya no veía en su mirada la ilusión de vivir cada día, ya no se veía a él en aquella mirada. Sin embargo el joven le miraba sin sonreír, le miraba fijamente, una mirada desconcertante y confusa. Él intentaba hallar en aquel joven lo que quería, lo que deseaba… pero por más que buscaba ya no encontraba nada… Retiró su mirada y observó a la izquierda. Aquel otro joven permanecía de pie, tras la puerta; su mirada era distinta, no le desconcertaba tanto, pero era una mirada que aún no le hacía feliz. Sin embargo allí permaneció, sonriendo y mirándole. Dio un paso hacia la izquierda y se colocó frente a aquel otro joven, le miró a sus ojos y pudo verse de una forma extraña en su mirada. El joven le tendió la mano para que él la agarrara. Pero de nuevo miró hacia atrás… el otro joven seguía allí, con la mirada perdida en aquel extraño mundo. Pero de repente una peculiar sonrisa se dibujo en el rostro del joven queriéndole indicar que siguiera adelante, que entrara en la otra puerta. Él retiró la mirada del joven y miró hacia aquella otra persona, intrigado, atrevido, curioso y valiente. Le agarró de la mano y cruzó la puerta… pero cuando la cruzó, no la cerró. La dejó abierta, para que entrara una ráfaga de aire, para que aquella habitación pudiera respirar… para poder ver a lo lejos y a la vez tan cerca a aquel joven que tan feliz le había hecho…
La puerta siempre la quedará abierta, no podrá cerrarla… pero tenía curiosidad por conocer un nuevo mundo y así lo haría….

Sólo con escuchar una lágrima caer al suelo, sólo con escuchar un llanto desconsolado, sólo con escuchar un grito ahogado… él iría, lo dejaría todo y abrazaría de nuevo aquel joven, quien no sabe que desde lo lejos, él le abraza todas las noches y le dice al oído te quiero…

Toca caminar de nuevo.